Desde mis 15 años, el Tarot empezó a llamarme de una manera que no puedo explicar con lógica. Recuerdo claramente cuando tomé en mis manos mi primer mazo: el Tarot Marsella. Sentí que una fuerza suave pero poderosa me guiaba hacia él, como si las cartas ya me estuvieran esperando.
En aquel tiempo vivía la ilusión de mi primer amor, y sin saberlo, el Tarot se convirtió en un refugio, un espejo y un compañero silencioso.
Años después, mientras estudiaba Ingeniería de Diseño Gráfico, tuve un encuentro que marcó mi camino.
En un día cualquiera, vi una lectura de Tarot. No era algo planeado, pero si algo destinado. La manera en que se conectaban las cartas, la energía, la claridad... Todo aquello me atrapó. Sentí una chispa, una certeza interna:
«Yo también quiero leer así. Yo también quiero guiar».
Ese momento fue el inicio de mi decisión de dedicarme al Tarot con intención, respeto y profundidad.
El Tarot no sólo me enseñó a leer energías; me enseñó a leerme a mí misma.
Me mostró aspectos de mi familia, me enseño sobre el amor de una manera más honesta, despertó mi intuición y abrió mi camino espiritual. Gracias a él, evolucioné como persona. Conecté más con mi esencia, con mis emociones, con mi propósito.
El Tarot fue, es y será una herramienta que me transforma y que me recuerda quién soy.
Me gusta leer sobre el amor.
El amor tiene algo profundo, delicado y verdadero. Y me encanta acompañar a quienes buscan claridad en ese aspecto tan humano y tan mágico a la vez.
Mi manera de leer es directa, consciente y amorosa.
No dramatizo, no creo miedo y no endulzo los mensajes: los entrego con honestidad, respecto y luz.
Mi intención es simple y poderosa:
Claridad.
Guía.
Libertad.
Quiero ayudarte a ver lo que hoy no puedes ver, a tomar decisiones que te hagan sentir más ligera, más libre y fiel a ti misma.
Quiero que cada lectura contigo sea un espacio seguro, sagrado y transformador.